La conjura
de los necios
No son las
barricadas del París del ´48; no es la toma del Palacio de Invierno; no es La
Gran Marcha ; no son las patas en la fuente
del ’45; no es el ataque al Moncada; no es el Cordobazo; no es “Democracia o
Caos”; no es…
Es una
elección presidencial, en el marco de la democracia burguesa, con todas las
limitaciones y condicionamientos que una democracia, por burguesa, puede tener
respecto de los intereses populares. Las leyes no habían sido hechas en la
defensa de aquellos derechos. Las leyes – preguntar a la Sacrosanta Corte
Suprema de la Nación
– son, principalmente para defender el derecho de propiedad. Después, todo lo
demás. Ya discutiremos. ¿El tiempo está a favor de los pequeños?
Sin
embargo, estamos alterados, movilizados, altamente preocupados. Organizamos
festivales, posteamos en fb, discutimos con la vecina, nos miramos – los que
nos reconocemos – con un dejo de angustia, con un brillo opacado en la mirada,
y nos decimos: ¿cómo puede ser?
Puede ser.
Como pocas
veces antes, el Sistema pone toda la carne al asador (no las armas, que no
serían aconsejables en estos tiempos). Inteligencia (que la tiene, mal que nos
pese), recursos, voluntad.
El Medio es
el Mensaje. Consignas aparentemente estúpidas, dirigidas hacia mentes
aparentemente estúpidas, marketing de expertos, consiguen instalar las verdades
de las que después harán bandera de combate. Generan inflación para protestar
por la inflación, producen la grieta y se solazan en la denuncia de la grieta.
Han logrado digitalizar una situación social en la cual millones de
individualidades llenas de matices terminan confrontando digitalmente, por si o
por no. Como si ninguno de los del otro lado contuviera en sí gran cantidad de
las razones y sentimientos que nosotros sentimos como “los de este lado”. Como
si ninguno de nosotros tuviera intereses por los cuales, tranquilamente,
pudiera enrolarse “del otro lado”.
No es así. La Humanidad no está
dividida entre Los Mejores y Los Peores.
Habrá mucho
voto pusilánime. Habrá mucho voto vergonzante.
Una
señorita me atiende en el surtidor de la YPF.
Cerca de Dolores. Yo vuelvo de un lindo fin de semana. Ella
trabaja. “¿Y? ¿A quién vamos a votar?” – simpático yo, seductor. “Y… no sabemos
todavía…” – huidiza ella, esquivando la mirada. No voy a hacer estadísticas de
un caso. ¿Sabe ella que el uniforme que usa, hace pocos años, decía
“Repsol-YPF”? ¿Le significan algo las palabras: Conquista, Derechos, Trabajo,
Estado, Paritarias? Puede que si. Pero más le significa la sonrisa de ojos azules
que le invoca “Esperanza”.
¿Qué
hicimos? ¿Qué dejamos de hacer? ¿Sabíamos lo que queríamos decir? ¿Sabíamos
para qué queríamos unirnos y organizarnos? ¿Lo sabían Los Otros? No estoy
seguro. Pero sí estoy seguro de algo: el candidato no es “el proyecto”. El
candidato se llama Daniel Scioli. Ese que voy a votar, porque no tuve otra
alternativa.
El 22 de
noviembre se ganarán las elecciones. El 23 de noviembre habrá muchas cosas que
discutir. El 23 de noviembre habrá que discutir.
Para
compartir un proyecto, no una dinastía.
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