viernes, 13 de noviembre de 2015

La conjura de los necios

La conjura de los necios


No son las barricadas del París del ´48; no es la toma del Palacio de Invierno; no es La Gran Marcha; no son las patas en la fuente del ’45; no es el ataque al Moncada; no es el Cordobazo; no es “Democracia o Caos”; no es…

Es una elección presidencial, en el marco de la democracia burguesa, con todas las limitaciones y condicionamientos que una democracia, por burguesa, puede tener respecto de los intereses populares. Las leyes no habían sido hechas en la defensa de aquellos derechos. Las leyes – preguntar a la Sacrosanta Corte Suprema de la Nación – son, principalmente para defender el derecho de propiedad. Después, todo lo demás. Ya discutiremos. ¿El tiempo está a favor de los pequeños?

Sin embargo, estamos alterados, movilizados, altamente preocupados. Organizamos festivales, posteamos en fb, discutimos con la vecina, nos miramos – los que nos reconocemos – con un dejo de angustia, con un brillo opacado en la mirada, y nos decimos: ¿cómo puede ser?

Puede ser.

Como pocas veces antes, el Sistema pone toda la carne al asador (no las armas, que no serían aconsejables en estos tiempos). Inteligencia (que la tiene, mal que nos pese), recursos, voluntad.

El Medio es el Mensaje. Consignas aparentemente estúpidas, dirigidas hacia mentes aparentemente estúpidas, marketing de expertos, consiguen instalar las verdades de las que después harán bandera de combate. Generan inflación para protestar por la inflación, producen la grieta y se solazan en la denuncia de la grieta. Han logrado digitalizar una situación social en la cual millones de individualidades llenas de matices terminan confrontando digitalmente, por si o por no. Como si ninguno de los del otro lado contuviera en sí gran cantidad de las razones y sentimientos que nosotros sentimos como “los de este lado”. Como si ninguno de nosotros tuviera intereses por los cuales, tranquilamente, pudiera enrolarse “del otro lado”.

No es así. La Humanidad no está dividida entre Los Mejores y Los Peores.

Habrá mucho voto pusilánime. Habrá mucho voto vergonzante.

Una señorita me atiende en el surtidor de la YPF. Cerca de Dolores. Yo vuelvo de un lindo fin de semana. Ella trabaja. “¿Y? ¿A quién vamos a votar?” – simpático yo, seductor. “Y… no sabemos todavía…” – huidiza ella, esquivando la mirada. No voy a hacer estadísticas de un caso. ¿Sabe ella que el uniforme que usa, hace pocos años, decía “Repsol-YPF”? ¿Le significan algo las palabras: Conquista, Derechos, Trabajo, Estado, Paritarias? Puede que si. Pero más le significa la sonrisa de ojos azules que le invoca “Esperanza”.

¿Qué hicimos? ¿Qué dejamos de hacer? ¿Sabíamos lo que queríamos decir? ¿Sabíamos para qué queríamos unirnos y organizarnos? ¿Lo sabían Los Otros? No estoy seguro. Pero sí estoy seguro de algo: el candidato no es “el proyecto”. El candidato se llama Daniel Scioli. Ese que voy a votar, porque no tuve otra alternativa.

El 22 de noviembre se ganarán las elecciones. El 23 de noviembre habrá muchas cosas que discutir. El 23 de noviembre habrá que discutir.


Para compartir un proyecto, no una dinastía.